Nacemos felices y morimos tristes. Algo estamos haciendo mal.

By abril 12, 2018Artículos

El agua tiene tres estados básicos. Me lo enseñaron en el cole. Puede estar líquida, sólida o gaseosa. En su estado «normal» es líquida y para que se vuelva sólida o gaseosa tiene que pasar algo externo, ya sea de forma natural o forzada, pero externo. Si varía mucho la temperatura en un sentido u otro, el agua cambia sus propiedades y se evapora o se congela. Es algo mágico. A mí me flipa que el hielo, el agua y el vapor tengan la misma esencia. Que tres cosas diferentes sean lo mismo solo le pasa al agua y al huevo, que puede ser crudo, frito y cocido. Pero no me desviéis del tema…

Las personas de bien, las personas de mal y los políticos están compuestas mayormente por agua. Tenemos un sesenta, setenta u ochenta por ciento de agua en el cuerpo dependiendo de quién haga el recuento del líquido, si los manifestantes o el gobierno). Vamos, que la Biblia estaba equivocada, no somos polvo, somos agua como bien dijo Bruce Lee: «Be water, my friend». Todos somos agua, menos Enrique San Francisco, que es mayormente cebada.

Lo bueno de ser agua es que hemos adquirido esa mágica propiedad de cambiar de estado. También tenemos tres que rigen nuestra vida. Podemos estar tristes, normales o felices. Al igual que el agua, lo que pase fuera nos afecta muchísimo y mutamos para bien o para mal. Somos mutantes, sí, alguien tenía que decíroslo. Pero nosotros somos mejor que el H2O porque el agua es una mandada, no puede cambiar por sí sola, solo si ocurre algo desde fuera, pero no tiene el poder de decisión, ni la capacidad mágica de estar en el estado que desee por sí misma, independientemente de las condiciones exteriores. Es una cobarde, no se atreve a cambiar. Nosotros sí podemos. Es nuestro superpoder y, si aprendes a controlarlo, te conviertes en invencible.

Todo el mundo quiere ser feliz, todos. No hay excepción. Somos felices por naturaleza. Es innato. No hay más que ver a los niños. Con qué facilidad sonríen y juegan con cualquier cosa: una piedra, un papel, una caja, lo que sea. Les da igual con tal de jugar. No tienen nada que demostrar y disfrutan de todo.

Nacemos felices y morimos tristes. Algo estamos haciendo mal.

Desgraciadamente, al crecer nuestro estado natural va cambiando y lo «normal» ya no es ser feliz como al nacer, y para serlo tiene que «pasar algo».  Pues hagamos que pase. La felicidad no se busca porque no existe, es un estado de ánimo. Por eso la gente que la busca no la encuentra. Es como si el agua buscara al hielo, no lo encontraría. Antes se secaría que lo encontraría porque no puedes encontrar hielo siendo agua, así como no puedes encontrar la felicidad sin que cambies de mentalidad.

Por eso, para ser feliz hay que querer serlo. Despréndete de las situaciones y personas tóxicas que te impiden disfrutar de lo que tienes porque, cuando te quitas ese lastre, resulta que ahí debajo estaba la felicidad escondida. La tenías tú y no lo sabías. Créate tus condiciones ideales para que la mutación surja efecto y tu estado normal sea la «felicidad». Para que nos entendamos, la felicidad es lo que te queda cuando te dejas de gilipolleces.

Desgraciadamente se ha asociado la felicidad al éxito. Si lo consigues, eres feliz, y si no, infeliz. Nada más lejos de la realidad. El éxito y la felicidad no tienen nada que ver. Lo importante es disfrutar del camino, del proceso, de los detalles, porque luego puede que no lo consigas y en ese caso te sentirás infeliz y fracasado. Sin embargo, si disfrutaste de lo que ibas haciendo, cómo lo ibas gestando y te divertías en ese difícil camino, es verdad que no te ha salido como esperabas, pero no importa, porque ahora tienes un conocimiento que antes no tenías, sabes cómo no funciona y puedes probar a intentarlo de otra forma porque no estarás mentalmente destrozado para proseguir por otra ruta. Has rebotado en una pared, no importa. Como lo estás pasando bien, puedes intentarlo de otra forma porque te queda gasolina. Para hacer cosas nuevas hay que ser feliz, no se puede crear desde la tristeza.

Podemos y debemos ser felices y hacer que la gente sea feliz. Lo bueno es que la felicidad es contagiosa. Es un virus que debemos propagar. Si haces sonreír a alguien por la mañana, le cambias el estado de ánimo todo el día. Si alguien te hace un favor que no esperabas, no lo olvidarás nunca. La felicidad crea lazos y compromisos. Dar las gracias, un  abrazo, un beso… como ves, son los pequeños detalles. No se necesitan grandes cosas… solo una, tú.

(Extracto obtenido del libro “Poetuits” de mi querida Cristina Serrato)

Si esta lectura te ha inspirado a  redescubrir tu felicidad, bienvenidx a nuestra tribu de personas felices que hacen un mundo más bonito!!!!

Si por el contrario necesitas una caricia en el alma que consuele tu dolor y te impulse a reencontrarte, aquí tienes mi mano, cógela fuerte, no te soltaré!

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